Omega 3: un aliado durante el tratamiento oncológico

Durante el tratamiento contra el cáncer, una alimentación adecuada puede ser una gran aliada. No solo ayuda a sostener la energía y el peso corporal, sino que también puede influir en cómo responde el cuerpo al tratamiento. En este contexto, los ácidos grasos omega-3 son nutrientes que vale la pena tener en cuenta.

¿Qué son los omega-3 y por qué son importantes?

Los omega-3 son grasas saludables con funciones antiinflamatorias, inmunomoduladoras y protectoras del sistema cardiovascular. Algunos estudios también los han relacionado con beneficios en el mantenimiento de la masa muscular, la mejora del apetito y el control de ciertos efectos secundarios del tratamiento oncológico, como la inflamación o la pérdida de peso no deseada.

Existen tres tipos principales:

  • EPA (ácido eicosapentaenoico)
  • DHA (ácido docosahexaenoico)
  • ALA (ácido alfa-linolénico)

EPA y DHA se encuentran principalmente en pescados grasos y mariscos, mientras que el ALA es de origen vegetal.

¿Cuáles son los beneficios para personas en tratamiento oncológico?

Durante el tratamiento, el cuerpo atraviesa múltiples desafíos: inflamación, cambios en el apetito, pérdida de masa muscular, fatiga. Incorporar omega-3 puede ayudar a:

  • Reducir la inflamación y favorecer una mejor respuesta inmunológica.
  • Proteger el sistema cardiovascular, especialmente en tratamientos que puedan afectarlo.
  • Conservar mejor la masa muscular, especialmente en pacientes con riesgo de caquexia (pérdida de peso severa).
  • Apoyar el estado nutricional general.

💡 Si estás recibiendo tratamiento, no todos los suplementos son iguales ni están indicados para todos. Siempre consultá con tu equipo de salud antes de incorporarlos.

¿Dónde encontramos omega-3?

🐟 Fuentes animales (ricos en EPA y DHA)

  • Salmón
  • Sardinas
  • Trucha
  • Caballa (atlántica o del Pacífico)
  • Arenque

🌱 Fuentes vegetales (ricos en ALA)

  • Semillas de lino y chía (molidas)
  • Nueces
  • Aceite de canola, lino o nuez
  • Porotos de soja y edamame
  • Palta

💡 Sumalos de forma práctica: espolvoreá semillas molidas sobre yogures o sopas, usá aceites vegetales en tus preparaciones, o incorporá un puñado de nueces como colación.

¿Y los suplementos?

Algunos pacientes pueden beneficiarse con suplementos de omega-3, sobre todo si tienen bajo apetito, inflamación persistente o pérdida de peso involuntaria. Pero no están indicados en todos los casos, y su efectividad puede variar según el tipo de tratamiento que estés recibiendo.

Siempre hablá con tu nutricionista o médico antes de empezar a tomar suplementos.

¿Puede ser perjudicial consumir mucho omega-3?

En altas dosis (por encima de 5 gramos diarios de EPA + DHA), el omega-3 puede causar molestias digestivas o aumentar el riesgo de sangrado, sobre todo si estás tomando anticoagulantes. Por eso es clave respetar las dosis recomendadas y no automedicarse.

En resumen:

✔️ Incorporá fuentes de omega-3 en tu alimentación, siempre adaptadas a tu tolerancia y necesidades.
✔️ Preferí pescados bajos en mercurio y sumá semillas, nueces y aceites saludables.
✔️ Consultá con tu equipo de salud antes de usar suplementos.
✔️ Cada detalle de tu alimentación puede sumar en tu recuperación.

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